Roald Amundsen nació en Borge, cerca de Oslo (Noruega) en 1872. Su madre quería que estudiara medicina, pero a la muerta de ésta, Amundsen, gran admirador del explorador Fridtjof Nansen, siguió sus pasos, abandonó sus estudios y con veinte años se embarcó para convertirse en marinero. Entre 1897 y 1899 participó como piloto en la Expedición Antártica Belga donde, tras afrontar el crudo invierno polar, mostró su temple ante la adversidad. En 1905 descubrió el Paso del Noroeste entre los océanos Pacífico y Atlántico, aprendiendo del pueblo Netsilik sus técnicas de supervivencia y el uso de trineos con perros que tanto le ayudarían en su máximo desafío.

Dado que en 1909 el explorador norteamericano Robert Peary había alcanzado el Polo Norte, decidió conquistar el Polo Sur para lo cual reclutó a un grupo de exploradores a bordo del barco Fram, que Nansen había entregado al gobierno noruego. Temeroso de que vetaran la expedición, no fue sino cuando el capitán británico Scott anunció la suya que, estando ya en las islas Madeira confesó su objetivo obteniendo el total respaldo de la tripulación y el apoyo del mismísimo Nansen. Tras muchas dificultades ganó la carrera al Polo Sur alcanzándolo el 14 de diciembre de 1911 para el pesar de Scott quien llegó después y falleció junto a sus hombres en el viaje de regreso. El éxito de la expedición de 1910 a 1912 que conquistó el Polo Sur lo lanzó a la fama colocándolo junto a los grandes exploradores de todos los tiempos.

En 1918 a bordo de su barco, el Maud, trató de surcar el Paso del Noreste del Atlántico al Pacífico a través del océano Glacial Ártico, rescatando en Siberia a dos niñas inut que adoptó. En 1925 intentó alcanzar el Polo Norte en avión, llegando a 15 kilómetros por lo que volvió a intentarlo al año siguiente a bordo del dirigible Norge, del italiano Umberto Nobile, convirtiéndose en uno de los primeros hombres en alcanzar ambos polos. Nobile, molesto por la escasa figuración obtenida, se enfrascó con Amundsen en una agria disputa por la prensa, por lo que organizó su propia expedición ártica a bordo del dirigible Italia perdiéndose en el intento. Al saber la noticia Amundsen, pese al mal tiempo, salió inmediatamente en su rescate a bordo de un hidroavión francés, el Latham, desapareciendo para siempre. Nobile fue rescatado con vida, pero todas las misiones noruegas para encontrar a Amundsen finalizaron tres meses después sin éxito. Sus palabras, dadas en una entrevista pocos días antes del trágico vuelo, fueron premonitorias: “Solo deseo que la muerte me llegue de una forma digna, mientras cumpla una gran misión, rápidamente y sin dolor”. Todo un Hombre.

La Historia es nuestra y la hacen los Pueblos

Jorge Alejandro Araya Moya, Profesor de Historia y Geografía

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