A mediados de 1918, ante la ofensiva de la Entente y los Estados Unidos, las Potencias Centrales habían llegado al límite de sus fuerzas. Bulgaria firmó el 29 de septiembre el armisticio de Tesalónica, el Imperio Turco Otomano el 30 de octubre el armisticio de Mudros y el 3 de noviembre el Imperio austrohúngaro el armisticio de Padua. En consecuencia, para  fines de 1918, el Imperio Alemán se encontraba en una situación desesperada al quedarse sin aliados, con un ejército al límite, sin reservas y desmoralizado. Ante el inminente derrumbe del frente occidental, los generales Erich Ludendorff y Paul Von Hindenburg aconsejaron al Káiser Guillermo II que iniciara inmediatamente negociaciones de paz. En consecuencia el príncipe Max Von Baden formó un nuevo gobierno solicitando un armisticio al presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, pero éste respondió que sólo negociaría con un gobierno alemán auténticamente democrático. Era el fin de la dinastía  Hohenzollern.

El malestar de la población alemana, hambrienta, empobrecida y cansada de la guerra, alcanzó su punto culminante en la Revolución de Noviembre de 1918 que comenzó con el motín de los marineros de la flota de guerra del puerto de Kiel, que se negaron a ser sacrificados inútilmente en una última batalla contra la flota británica. El 4 de noviembre se formaron consejos revolucionarios de marineros, soldados y obreros extendiéndose por diversas ciudades alemanas como  Hamburgo, Hannover y Múnich donde el 7 de noviembre Kurt Eisner del Partido Socialdemócrata Alemán (USPD) proclamó por primera vez la República en Baviera. El 9 de noviembre la revolución llegó a la capital imperial, Berlín, lo que llevó al Káiser Guillermo II a abdicar y huir a Holanda, lo que Philipp Scheidemann del USPD aprovechó para proclamar, desde el balcón del Reichstag, la República.  Max Von Baden, temeroso de una revolución como en Rusia, cedió el poder al líder socialdemócrata Friedrich Ebert. El triunfo de la Revolución de Noviembre de 1918 cambió al Imperio Alemán de una monarquía constitucional a una república parlamentaria y democrática.

En la mañana del día siguiente sucedió un hecho que pasó casi inadvertido para la mayoría de los alemanes, el gobierno de la nueva república aceptó las condiciones de la Entente para un armisticio, es decir, la retirada inmediata de las tropas alemanas de Francia, Bélgica, Luxemburgo y Alsacia Lorena, entre otras exigencias. En la madrugada del 11 de noviembre de 1918 en Rethondes, en un vagón de tren en el bosque de Compiégne, el general francés Ferdinand Foch, en representación del comando aliado, suscribió con el representante de la delegación alemana, Matthias Erzberger, el acuerdo de cese al fuego el día 11, del mes 11 a las 11 horas, terminando con las hostilidades y  poniendo de hecho fin a la Gran Guerra, dejando como herencia un saldo de más de diez millones de víctimas, cuatro imperios desaparecidos, un mosaico de estados nuevos justificados por la autodeterminación y el nacionalismo, y unos tratados de paz firmados en 1919 que llevarían a una nueva conflagración mundial veinte años después.

La Historia es nuestra y la hacen los Pueblos                                                                                                                                                                        Jorge Alejandro Araya Moya  Profesor de Historia y Geografía

Leave a Reply

Deja un comentario

  Subscribe  
Notify of
× Pide tu tema al Tío Hoy Aquí