Desde los comienzos de los vuelos espaciales los animales han sido utilizados para experimentar las condiciones de vida en el espacio exterior. Los científicos soviéticos optaron por utilizar perros callejeros de Moscú, acostumbrados a soportar la falta de alimentos y las temperaturas extremas. Casi sesenta de ellos fueron propulsados en misiles R-1. El 29 de enero de 1951, Tsygan y Dezik fueron los primeros perros en realizar un vuelo suborbital alcanzando los 110 km de altitud y sobreviviendo al viaje. Sin embargo el 29 de julio del mismo año, ante una falla del paracaídas, Dezik junto a Lisa murieron, al igual que Bulba y Lisa 2 en febrero de 1955. Lo mismo aconteció con Rzyhaya y Dzhoyna en 1957 y Palma y Pushok en 1958, a causa de la descompresión de la cabina.

Sin embargo el perro cosmonauta más famoso de la carrera espacial es Laika, una hembra mestiza de terrier con samoyedo de apenas cinco kilos y alrededor de tres años de edad, que fue encontrada vagando por las calles de Moscú. Los científicos soviéticos preferían trabajar con hembras de pelo corto debido a que era más fácil colocarles los sensores y además eran más adiestrables. Pese a que el personal del laboratorio la llamaba Limonchik (limoncito), Kudryavka (rizadita) o Zhuchka (bichito), se impuso el nombre Laika que denomina a los perros mestizos en Rusia. Laika, según el director del programa de perros cosmonautas Vladimir Yazdovsky, era una perrita tranquila y encantadora, lo que unido a su resistencia y pequeña talla, la convirtió en la elegida para el histórico viaje. Se cuenta que, previo al despegue, uno de los científicos la llevó a su hogar para que sus hijos jugaran con ella y pasara un día en familia, dado que la misión de Laika era un viaje sin retorno.

Laika fue puesta en órbita el 3 de noviembre de 1957 a bordo de la nave espacial Sputnik II. Después de afrontar el despegue y la fuerte aceleración, los signos vitales de Laika recuperaron la normalidad e incluso se oyeron sus tímidos ladridos. Pero seis horas después del lanzamiento, debido al sobrecalentamiento de la cabina, los sensores registraron problemas respiratorios y finalmente un paro cardíaco. Laika había muerto. El Sputnik II, con el cuerpo de la malograda perrita, orbitó la Tierra 2.570 veces durante 163 días. La Unión Soviética siguió comunicando al mundo el éxito de la misión y solo el 14 de abril de 1958 informó que Laika había sido sacrificada en órbita, por motivos de humanidad, dada la imposibilidad de traerla de vuelta a la Tierra. Ese mismo día la nave se desintegró al entrar en contacto con la atmósfera. La hazaña de una pequeña “quiltra” callejera, abrió la ruta a las misiones espaciales tripuladas. El 19 de agosto de 1960 Belka y Strelka, en el Sputnik V, fueron los primeros perros en viajar al espacio exterior y regresar con vida un día después. En 1961 Yuri Gagarin expresaría jocosamente no saber si era el primer hombre o el último “perro” en el espacio.

El 11 de abril de 2008, en el Nº 12 de la calle Petrovsko- Razumovskaya Alleya, frente al edificio del Centro de Investigación Militar de Moscú, fue inaugurado un monumento a Laika con una inscripción que la recuerda y le agradece su gesta. Siempre tiene flores. El sacrificio de Laika aún resuena como un ladrido en el espacio.

La Historia es nuestra y la hacen los Pueblos                                                                                                                            Jorge Alejandro Araya Moya Profesor de Historia y Geografía

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