Como abanderado de la Unidad Popular, Salvador Allende no sólo se convirtió en 1970 en el primer mandatario socialista en el mundo en ser elegido democráticamente, sino también el primero en intentarlo pacíficamente mediante la Vía Chilena al Socialismo. Sin embargo su gobierno se vio entrampado por la división entre los sectores de izquierda que querían acelerar y profundizar el proceso revolucionario y los que pretendían consolidar el proceso democráticamente. Además su gobierno debió enfrentar la virulenta oposición del Partido Nacional y la Democracia Cristiana, y el rechazo de los gremios de médicos, comerciantes minoristas, camioneros y los mineros de El Teniente, producto de los severos problemas de abastecimiento, acaparamiento y sabotaje empresarial impulsados por la SOFOFA (Sociedad de Fomento Fabril), agravados por el violentismo de sectores tanto de derecha como de izquierda y el intervencionismo del gobierno norteamericano de Nixon por medio de la CIA.

El inesperado apoyo electoral obtenido por la Unidad Popular en las parlamentarias de marzo de 1973 (43%), no hizo más que consolidar la opción golpista en algunos sectores de la oposición, como el fallido tanquetazo el 29 de junio de 1973, que dejó en claro para el Presidente Allende que solo un contundente apoyo popular daría viabilidad a su gobierno, por lo que informó el 9 de septiembre al Comandante en Jefe del Ejército, Augusto Pinochet, que había decidido convocar a un plebiscito, con el fin de dar una salida a la grave crisis política. Esa misma noche Pinochet, rompiendo su juramento a la Constitución y las leyes de la República, se sumó al golpe.

A las 7.15 del 11 de septiembre, en su residencia de Tomás Moro, el Presidente Allende fue notificado de la insurrección de la Armada en Valparaíso, pese a lo cual se dirigió a La Moneda. A las 8.42 las radios opositoras, Minería y Agricultura, emitieron la primera proclama de la Junta Militar, integrada por los comandantes de las Fuerzas Armadas, exigiendo al Presidente Allende hacer entrega inmediata de su cargo dándole un ultimátum de que, si La Moneda no era desalojada antes de las 11, sería atacada “por tierra y aire”, pero recibió una respuesta clara, “dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera”. A través de Radio Magallanes, la única no silenciada por los golpistas aún, el Presidente Allende dirigió su último mensaje al país, señalando su decisión de no abandonar la casa de gobierno ni al pueblo que lo había elegido: “Yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”.  A las 9.55, tanques y soldados ingresaron en el perímetro de La Moneda abriendo fuego que miembros del GAP (Grupo de Amigos del Presidente), su guardia personal, y francotiradores apostados en los edificios aledaños trataron de repeler. A las 11.52, aviones Hawker Hunter bombardearon La Moneda, pero al ver que el Presidente Allende todavía se negaba a rendirse, los militares derribaron la puerta del palacio  tomando el primer piso. A las 14:30 aproximadamente, el Presidente Allende dispuso que todos los defensores cesaran la lucha y bajaran quedándose solo, momento que aprovechó para, con el fusil AK-47 que le había regalado Fidel Castro, terminar con su vida.  Pero su ejemplo de valor y consecuencia se hizo mundial resonando hasta hoy en la memoria colectiva sus amargas pero esperanzadoras palabras “Trabajadores de mi Patria tengo fe, en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”.

La Historia es nuestra y la hacen los Pueblos

Jorge Alejandro Araya Moya  Profesor de Historia y Geografía

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