La columna del Profesor Jorge Araya: El último vuelo del Teniente Bello

Publicado el: 06 Marzo 2018
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En 1913, el Capitán Manuel Ávalos, Director Interino de la Escuela de Aeronáutica Militar, llamó a concurso para integrarse a los cursos de la misma. Uno de los seleccionados fue el joven oficial de Ejército, teniente Alejandro Bello Silva, nacido el 27 de abril de 1887 en Ancud. Habiendo logrado las mejores calificaciones, el teniente Bello partió a Francia el 4 de abril de 1913 con la misión de obtener el brevet de aviador (licencia de vuelo), que en aquellos años sólo lo extendía el Aero-Club de Francia, y estudiar los aviones Sánchez Besa, Bleriot y Breguet, entre otros. Bello demostró su pericia durante su instrucción en Francia distinguiéndose en sus exámenes ante la comisión por lo que el Aero-Club no dudó en otorgarle el documento. A  su regreso le correspondió hacerse cargo de los aviones Sánchez Besa.

El lunes 9 de marzo de 1914 a las 5:30 am., el teniente Alejandro Bello Silva se preparó para realizara un raid (circuito), que debería durar 48 horas, desde el Aeródromo de Lo Espejo en Santiago hasta Cartagena pasando por Culitrín, lugar ubicado entre Paine y San Francisco de Mostazal, y retornando a Lo Espejo; y de esa manera cumplir con las exigencias para optar al brevet de Piloto Militar del Ejército de Chile, en su calidad de alumno del primer curso de la Escuela de Aeronáutica Militar. Sin embargo, debido a la espesura de la niebla, el teniente Bello debió regresar. Al aterrizar cayó en una acequia y averió su máquina Bleriot, la que remplazó por un Sánchez Besa Nº 13 “Manuel Rodríguez”. Debido a la alta concurrencia de público y a las consecuencias de su accidente, se vio al teniente Bello algo nervioso y preocupado mientras revisaba su máquina voladora. Remontó vuelo nuevamente a la 9:30 horas logrando llegar sin novedades a Culitrín, donde almorzó y se alistó para continuar viaje hacia Cartagena a las 16:00 horas. Pero nunca llegó a su destino.

Su búsqueda, desgraciadamente,  no fue inmediata, porque en un primer momento se dijo que había aterrizado sano y salvo en las cercanías de Llolleo.  Al día siguiente, el capitán Avalos ordenó con urgencia la búsqueda por mar y tierra del teniente Bello, alertándose a las fuerzas militares y policiales de Melipilla, San Antonio y Cartagena, que recorrieron a caballo toda la región. A su vez se solicitó la cooperación de la Armada, quien dispuso el buque “Gálvez” para rastrear el mar desde San Antonio hasta Rapel. Pese a los esfuerzos no encontraron nada. Finalmente, el 24 de marzo, el gobierno de Barros Luco y la Escuela de Aviación Militar dieron por terminada la investigación con un escueto comunicado de la comisión investigadora de la Escuela de Aeronáutica: “Se cree que el Teniente Bello ha caído al mar”. Como no existió respuesta oficial a su pérdida, la búsqueda incesante y la “picardía” del chileno llevaron a crear el dicho popular: “Más Perdido que el Teniente Bello”, frase irreverente para un pionero de nuestra aviación pero que lo ha mantenido presente por más de cien años en la memoria nacional.

“La Historia es nuestra y la hacen los Pueblos”                                                                                  
Jorge Alejandro Araya Moya, Profesor de Historia y Geografía

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