Hace exactamente tres días falleció el destacado periodista y locutor nacional Esteban Lob, hecho que no marcó en lo absoluto la agenda nacional ni las redes.

¿Qué tan conscientes estamos de lo que somos, tenemos y qué tanto lo valoramos? Lo cierto es que repasando los últimos acontecimientos planetarios, la propagación del COVID-19, el calentamiento global, la profunda sequía que vive chile y tantos otros ítems, la pauta dicta solo una cosa: INDIVIDUALISMO.

Y rimemos: individualismo, CAPITALISMO, sismos, eso es Chile en sí mismo.

Revisando diferentes sitios deportivos y de noticias, me encuentro con una noticia que no advertí en ninguna red «moderna» de información: «Este domingo falleció el destacado periodista y locutor nacional Esteban Lob». Me quedo de una pieza, habiéndome enterados dos días después del fallecimiento de un ídolo nacional de las comunicaciones, el relator de Chile 62′ en Radio Balmaceda.

Me inunda una rabia por otro lado, pica, sabiendo que en redes sociales e internet hay tipo menos prodigios recibiendo atención por todos lados, mientras prodigios reales mueren en el más desolador silencio social. Por otro lado, no me sorprende. Estamos pasando por los tiempos modernos medievales, una época oscura, lejos de la época clásica, lejos de los grandes filósofos, lejos de lo depurado. «Sociedad de plástico».

Una luz: más de 50 años estuvo Lob en radio y TV, historia pura de Radio Minería (21 años), con pasos también por Agricultura, Portales, Nuevo Mundo, Santiago, Carrera, Colo-Colo, Nacional, Balmaceda, Prat, Continental, Cruz del Sur, La Clave y otras.

En lo que refiere a la TV nacional, prácticamente abrió los fuegos. Fue lector de noticias y narrador deportivo en Canal 9 (actual CHV).

En 1988 recibió el Premio a la Trayectoria Profesional del Círculo de Periodistas Deportivos, siendo HOMENAJEADO EN VIDA, COMO CORRESPONDE.

En un ambiente hostil, con gente corriendo y peleándose por insumos de aseo, se marchó, se apagó Esteban Lob. En los tiempos más mal agradecidos de la historia. Imposible un homenaje extraordinario (por cuestiones obvias), sin embargo, muy pocos se acordaron. Fue un grande, uno de la talla de los más grandes: Martínez, Livingstone, Carcuro, Matas, Silva, Millas y tantos otros.

¿Somos irresponsables con nuestra propia historia? ¿Qué estamos perpetuando y qué olvidando? Al menos nos cabe una introspección.

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